El cuarto poder

Sin apenas darnos cuenta, hemos superado ya la mitad del verano. Año tras año se suceden las mismas noticias ante nosotros. Los telediarios abren sus ediciones con conexiones en directo con la playa de la Malvarrosa. Atascos a la salida de las grandes ciudades. Los turistas disfrutan del buen tiempo de la costa española. Los malditos incendios. El premio extraordinario de la ONCE. Los “San Fermines”. Como si la información pudiera convertirse en rutina.

 

Éste, en cambio, ha sido un mes de julio atípico. Un bombardeo de información nos sacude diariamente. En algunos casos, desde hace meses en una cronología interminable propia de una serie de novela negra.

 

Noticias que en muchos casos no son más que puros reflejos del estado de la sociedad actual. Desde hace unos años nos encontramos inmersos en una crisis económica dicen que sin precedentes. Lehman Brothers, la burbuja financiera, ya sabéis de lo que os hablo.

 

En mi opinión, todo trasciende más allá de eso. Se trata de una crisis de valores profundísima, de savoir-faire, del “aquí no pasa nada” llevado al extremo. Y vaya si pasaba. En todos los ámbitos de la sociedad.

 

Hay días en los que la atención recae en el de enfrente. Y te ensañas con él. Casi disfrutas con su desangrado público, mientras devoras una tras otra las columnas de opinión afines a tu pensamiento como si de un libro de ciencia ficción se tratara. En ocasiones parece eso, pura ciencia ficción.

 

Otros en cambio, te pillan más de cerca. Ahí lo pasas un poco peor. Tratas de buscar justificaciones, en algunas ocasiones inverosímiles. Y lo sabes. Lees aquello que te hace menos daño. Pero no te apetece. Deseas que Florentino cierre el fichaje del verano que desplace las portadas de la prensa hacia otro sitio, el césped del Bernabéu quizá.

 

Por último, están “esos casos”. Los que suscitan opiniones unánimes. La unanimidad es mal síntoma. Suele coincidir con hechos que además conllevan solidaridad. Y después orgullo. La reacción ejemplar de todos. Pero el problema es el “antes”. Suelen ser casos muy dolorosos, como el acontecido en Santiago la semana pasada.

 

En todos ellos hay un denominador común. El papel de la prensa como elemento clave en la creación de corrientes de opinión. Y digo bien, creación, no vertido de opinión.

 

Creo que en los tiempos que corren, con el descrédito tan grande que sufren las instituciones, originado en la mayoría de los casos por el deterioro moral de quien ejerce alguno de los poderes públicos, el rol desempeñado por el periodismo se convierte en fundamental.

 

De “cuarto poder” a primero. Nunca tan importante como ahora.

 

Considero que la labor del periodista es imprescindible. Necesitamos que nos cuenten lo que sucede. Y en la era de la tecnología, que nos lo cuenten ya. En tiempo real.

 

Yo añadiría, que además de la inmediatez, lo que se necesita es rigor. El ofrecer una información fiable y rigurosa no puede verse sustituido por la imperiosa necesidad de conocer, de señalar vencedores y vencidos, culpables e inocentes. En todo caso complementado.

 

Hay espacio por supuesto para la opinión. Cómo si no. El problema es cuando no se logra diferenciar opinión de información. Y la primera se convierte en la segunda. Y se extiende como la pólvora por las mil y una fuentes de información de las que disponemos hoy en día. Las redes sociales y todo eso.

 

La semana pasada hubo casos flagrantes de esto que os cuento. Sé que es habitual, no es sólo cosa de unos días. Ni de los periódicos generalistas. Lo del periodismo deportivo va más allá de todo esto. Pero es diferente.

 

Hay momentos en los que se hace más necesaria que nunca la información. En los casos que despiertan unanimidad que antes os comentaba. Ahí es donde la responsabilidad es todavía mayor. Se trata de vidas. Y de responsabilidades que cuestan vidas. De contar lo que ha ocurrido sin filtros, sabiendo en todo momento el daño que puede suponer un titular mal escrito. O una foto en portada. Ahí donde se tiene que ejercer un periodismo responsable.

 

Sáenz de Buruaga solía decir aquello de “así son las cosas, y así se las hemos contado”. Eso es exactamente lo que yo quiero. Que me cuenten lo que ocurre. Y acudir después a las columnas de opinión, tan respetables como las que cada uno se genere en el salón de su casa. Diferenciar información de opinión. Pues eso.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Guisante (miércoles, 31 julio 2013 14:57)

    Totalmente de acuerdo!

  • #2

    La otra parte: Mendi (jueves, 01 agosto 2013 15:25)

    Premio Pullitzer ya!

  • #3

    Guisante (viernes, 09 agosto 2013 20:59)

    Escritora,
    ¿Para cuando el siguiente?? Estoy ansioso, y por eso me he lesionado!

  • #4

    Magdalena (jueves, 22 agosto 2013 23:18)

    De acuerdo. Buen desarrollo de una idea en la que coincidimos; pero es difícil saber qué callar.