Una historia extraordinaria en Navidad

Vengo a contaros un hecho extraordinario que me ha sucedido estas Navidades. Extraordinario por único en la Historia de la Existencia, desde Adán y Eva. Y la manzana, con la que comenzó todo esto que vemos.

 

Os sitúo. Existe en casa de mis abuelos en Vigo una habitación donde el tiempo se detiene. Es atravesar el umbral de esa puerta y pierdes automáticamente la noción del tiempo y el espacio. En ese mundo excepcional, los relojes siempre marcan las 11 de la mañana del día siguiente. Es inevitable. Puede que no sea tu intención. Puede. Quizá únicamente pretendías abrir la ventana que da a la calle o pasar a coger el libro que dejaste en la mesilla el día anterior. Esa, era, tu primera voluntad. Irremediablemente quedarás sumido en un sueño profundo de al menos 12 horas. Tal es el poder de esas cuatro paredes. Os reto a comprobarlo cuando queráis.

 

El caso. Me hallaba yo en la habitación del sueño un día cualquiera de estas navidades, cuando me sobrevino el insomnio. Como lo oís. El insomnio. Hay gente a la que le da por contabilizar rebaños. Una, como ingeniera que es, perdió la capacidad para sumar desde el momento primero de mi aventura universitaria. Fue poner el pie derecho en la Escuela de Teleco cuando la calculadora se convirtió automáticamente en el 6º dedo de mi mano izquierda. Sumar ovejas no era una opción.

 

Opté entonces por debatir internamente cuál era mi ciudad favorita de Europa. Suena raro, pero es lo que hice. Recordad que se trataba de una situación tremendamente extraña para mí. Despierta en la habitación del sueño. Lo que en sí mismo supone una contradicción. Os cuento las conclusiones de mi acalorada discusión interna.

 

En primer lugar me fui a Roma. Es la última de las grandes ciudades de Europa que he visitado. Y probablemente sea mi favorita. Me parece fascinante. La ciudad en sí es un monumento. Te encuentras con restos arquitectónicos de hace más de 2.000 años como quien se topa con locales “Compro Oro” en cualquier ciudad española. Por todo Roma. Cómo lo harían. Quién podría haber vivido el auge de esa civilización. Dicen en la prensa que Italia está en crisis. Y yo digo que en crisis estarán sus políticos, o sus bancos. Creo que jamás un país con el patrimonio artístico, cultural e histórico de Italia, puede estar en otra situación que no sea en irremediable esplendor. Es imposible. Además, se come bien y a poco que fuerces tu acento italiano, se te entiende sin problemas. La leche, cuando estás fuera de casa. 

 

Abandoné a los ex - amigos de Berlusconi, y me trasladé mentalmente a Berlín. Sí, Berlín. Esa ciudad cuya visita casi me cuesta una cirugía maxilofacial. 5 días con la mandíbula desencajada conociendo de primera mano los sitios donde se fraguó prácticamente toda la historia del siglo XX. Y yo estaba allí por fin. Convengo con vosotros que no es ni de lejos la ciudad más bonita de Europa. Vale. Y que los alemanes tampoco son las personas más agradables del mundo. Y qué. Recorrer sus avenidas para una friki de la historia como yo suponía una emoción indescriptible. Figuraos, “esos edificios que veis allí (y yo los estaba viendo!!) eran los que empleaban como escaparate en Berlín Este para hacer ver que a ese lado del Muro “no se vivía tan mal””. Resulta que los edificios que señalaba la guía con el dedo eran estrepitosamente feos, pero mi mandíbula estaba a lo suyo. Desencajada. Lo que más me costaba asimilar es que esa ciudad se había reconstruido de las ruinas a las que le habían llevado sus propios conciudadanos en aproximadamente 20 años, y que los acontecimientos que se describen 1 de cada 3 libros que me leo sucedieron en las calles donde me encontraba.

Os recomiendo que si visitáis Berlín, os acerquéis a Dresde, que sí es una ciudad bonita  y alegra la vista por la preciosidad de sus edificios. Sin necesidad de tener que pasar por el quirófano después, un chollo.

Sitúo por tanto a la capital alemana como la segunda en el ranking, lo que ya es en sí mismo un gusto. No es la revancha lo que me motiva, pero mentiría si no os dijera que me alegra verles como “mis segundones”, a ellos que están tan acostumbrados a ver a los demás desde arriba. Y a ganar siempre en el fútbol. Se acabó lo que se daba, Señorita Rottenmeier.

 

Como medalla de bronce, Londres. Desde siempre he pensado que si por algún quiebro del destino mi futuro no se encontrase en Madrid, y me dieran la opción de elegir una ciudad en Europa donde vivir, ésa sería Londres. Sé que es una afirmación arriesgada habiendo visitado la ciudad únicamente 3 veces. Una ciudad de semejante tamaño y con tal oferta para el turista. Como arriesgado es que con sus nubes y su lluvia, mi pelo me convirtiera automáticamente en la candidata más firme para sustituir a Michael al frente de los Jackson Five. Lo sé. Un problemón. Pero la sensación con la que volví de Londres en cada visita fue la misma. Sería ésta si me viera obligada a elegir una residencia distinta a Madrid.

 

No puedo olvidarme de París, en mi opinión, la ciudad más bonita de Europa. La más bonita, seguro. Aquí no admito el debate. Pero yo que soy muy de sensaciones, me quedo con el podio de las tres primeras que os he comentado. Vengaré con este cuarto puesto los tomates estropeados tras volcar nuestros camiones. Y los pitos a Rafa Nadal en cada Roland Garros. La medalla de chocolate para vosotros, vecinos. Por desconsiderados.

 

Éste es el resultado de mis cavilaciones. Fueron varias horas de debate interno, tantas como duró mi insomnio en aquella noche extraordinaria de Navidad.

 

Ahora me gustaría invitaros a que me contéis cuál es vuestro rincón favorito del viejo continente. Mi padre me dice a menudo que me encanta discutir. No es por llevarle la contraria (y por tanto indirectamente darle la razón) pero es que creo que está equivocado. Al hacer esa afirmación está obviando que mientras mi gemela asombraba a todos con su cabezón y sus nutrientes hiper desarrollados en la incubadora, a mí me instalaron en mi no-más-pequeña cabeza, unos altavoces Dolby Surround que ríanse los de Apple. Por tanto no es discutir, sino debatir en voz bastante alta lo que a mí me gusta. Contadme y os replicaré.

 

Permitidme un breve apunte. El ámbito del debate son ciudades europeas. Madrid por tanto queda fuera del concurso. ¿Cómo así? Pues sí. Será en otro foro donde discutiremos sobre aquellas ciudades categorizadas por su universalidad. J.

 

PD: Perdonad mi falta de educación. Lo último, aunque debería haber sido lo primero de todo, feliz año nuevo!!

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Comentarios: 8
  • #1

    guisante (jueves, 09 enero 2014 13:21)

    Bilbao!

  • #2

    desdemitribuna (jueves, 09 enero 2014 13:27)

    Feliz año euskaldun!! :)

  • #3

    Soff (jueves, 09 enero 2014 16:11)

    Estas hecha una trotamundos , pero le doy el oro a Parigi como ciudad (sin ciudadanos) ;)

  • #4

    Pili (jueves, 09 enero 2014 16:20)

    Pues sin tener en cuenta el trato de los ciudadanos y el buen tiempo.... mi oro se debate entre Roma y Paris, si ya entran en sí cuestiones varias...Rome Rome Rome!
    En el segundo puesto pongo otra ciudad semi alemana por cercania e idiomas dificiles...Viena.
    y por Bronce... yo no puedo dejar olvidada a Gante.

  • #5

    desdemitribuna (jueves, 09 enero 2014 16:26)

    y sus bares...verdad Pili?!

  • #6

    pili (jueves, 09 enero 2014 17:06)

    No no.... su encanto....que no tiene nada que envidiar a Brujas.

  • #7

    Serafín (jueves, 09 enero 2014 20:26)

    Barcelona!

  • #8

    Bea (jueves, 09 enero 2014 22:52)

    Os habéis dejado Praga!! Y mi Florencia querida!! A mi Londres plin...