Tan grandes, tan pequeños.

“El médico y la enfermera infectados con ébola en Liberia y trasladados hace tres semanas a Estados Unidos para recibir un tratamiento experimental superaron la enfermedad y han recibido el alta médica este jueves”.

 

Antes de nada, amigo anónimo, deberás confirmarme si esta noticia publicada en tu periódico tiene copy-right, en cuyo caso pasaré convenientemente por caja. Compromisos económicos aparte, considero que resultaría letal para los que se acercan a esta tribuna que tras mes y medio en paradero desconocido, apareciera por aquí con rodeos. Por una vez en la vida trataré de ser directa. Si lo consigo o no, me lo diréis vosotros.

 

Al lío. He participado esta semana y pico de vacaciones en más debates que "Pablemos" en el último año. Quien dice participar, quiere decir organizar, lo mismo da. La pregunta que valía como pistoletazo de salida era cortita y al pie: qué hacemos ante el ébola.

 

Debo reconocer que en ocasiones he debido mantenerme callada – como lo oís, Elena Pérez en mute!! - ante alguna argumentación. Elena la tozuda reflexionaba unos instantes, pero siempre acababa manteniéndome inflexible en cada una de las mesas redondas - ni redondas ni con mesa, pero realza la escena - en las que he participado. Pero es que lo veía clarísimo. Os cuento.

 

Creo que he dado con la clave de mi cerrazón. Se trata de una frase que bien podría servir de inspiración al guionista de “8 apellidos gallegos”: "todo depende de la óptica con la que se mire”. Lo de gallego venía por el depende. Lo de la óptica, sé que en ocasiones ni con ésto vale para curar dioptrías. Lo sé. – Ele deja a un lado la interpretación obvia de la frase y continúa, por Dios -. 

 

En mi caso, y por más vueltas que le daba al asunto y por más silencios que realizara, era incapaz de enfocarlo desde el punto de vista médico. Que no!! Quizá sea porque me aterren las batas blancas – salvo si la usa un carnicero, lechero o similar (profesiones inofensivas donde las haya)– o porque de haber decidido estudiar medicina habría conseguido la incapacidad para terminarla. Imposible para mí ese enfoque. Jamás de los jamases. 

 

Para mí el debate se centraba en una cuestión de ética. Pero ética pura y dura. Considero que no había otro papel posible a desempeñar por parte de España como país y por ende por sus dirigentes, que el que se ha llevado a cabo hace un par de semanas. No veo que sea una cuestión de medicina, sino más bien un asunto de humanidad. 

 

Podemos obviar si queréis que la persona española afectada era sacerdote. También os ofrezco olvidarnos de que “ese tal Miguel Pajares” estaba haciendo una labor humanitaria en el pleno campo de batalla. No lo haría en ninguno de los dos casos, pero si queréis, lo obviamos.

 

Os compro la idea de que sabía a lo que se exponía y seguramente conocía el riesgo latente de dedicar su vida a los demás en países donde las condiciones de salubridad y de higiene son inexistentes.

También acepto - sería absurdo no hacerlo - que en caso de contagio, el efecto sería demoledor y aterrador. Que se me perdone el uso del condicional cuando debería emplear el presente "el efecto es demoledor" en caso de capaz de mirar más allá de mi ombligo “desarrollado”. 

 

Tras pagar el copy-right y las ideas que os exponía en el párrafo anterior, qué mundo es ese que queremos en el que si un ciudadano reclama la ayuda de sus dirigentes, recibe la callada como respuesta. A quién se le ocurre convertir un problema de gente malnacida - geográficamente hablando -, en algo que nos afecte a nosotros, "tan superiores", que podemos  mirar - y retirar la mirada - que apunta hacia esa gente "tan pequeña" por una pura cuestión de suerte. 

 

Me diréis que es sencillo escribir este batiburrillo de ideas sin tener responsabilidad ninguna a la hora de tomar decisiones y lo que es peor, haciéndolo desde la ignorancia sobre el tema que algunos consideran como eje central en este debate.

 

Lo sé y os entiendo.  Es aquí cuando venían mis silencios.

 

¿Pero sabéis lo que me pasaba? Que al instante volvía al punto de retorno. Ese origen en el que me encontraba con muchísima gente “desarrollada – o al menos sus cerebros” para evaluar, valorar y asumir la situación (y sus consecuencias) que se estaba planteando, en base a un conocimiento profundo de los protocolos y condicionantes médicos que harían viable una repatriación tan compleja como ésta.

 

Lamentablemente, el final de Miguel Pajares fue el que todos – los que estaban a mi lado y enfrente en el debate – conveníamos que era lo más probable que sucediera. Fue una lástima. Pero encabezamientos como el que traigo a colación, por obra y gracia de El Mundo, podrían darme un resquicio de razón.

 

Pienso que hicimos – o hicieron – bien en intentarlo y estoy convencida de que aquellos cuyo papel no fue sólo escribir y debatir, sino tomar decisiones, podrán tener su conciencia más tranquila en lo que a su actuación en este tema respecta.

 

Hay veces en el que el “y si…” merece la pena. Y creo que este caso era uno de ellos. Me corrijo, mejor dicho, era uno de nosotros. 

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Comentarios: 1
  • #1

    guisante (jueves, 21 agosto 2014 20:55)

    Ole ole y oleeee